29.5.10

Godspeed You! Black Emperor - F#A#∞ (1997)

El sol ha caído y las banderas han muerto en la cima de su asta
(The Dead Flag Blues [Intro])


Godspeed you! Black Emperor es una banda de músicos canadiense fundada en 1994, en la ciudad de Montreal. En realidad, resulta complicado encasillar la música que Godspeed You!... desarrolla. La salida fácil es llamar a este tipo de música post rock debido al ambiente primordialmente minimal de sus composiciones, con guitarras que transitan los espacios con un zumbido prolongado y por la incorporación de ritmos y armonías que no solían ser comunes en el rock más normalito. Sin embargo, pareciera que el prefijo “post” se ha vuelto un recurso recurrente –y no sólo en la música- para nombrar lo desconocido o lo que todavía no se puede definir debido a su novedad o como consecuencia de su ruptura con los cánones tradicionales. Pero bueno, afortunadamente todavía nos quedan los viejos géneros para trazar un mapa sobre la música de Godspeed You!...: jazz, progresivo, punk, electrónico, clásico, rock. Y así es, aunque usted no lo crea e incluso se incomode, amable lector, la fusión o la alternancia de todos estos géneros nos lleva a nombrar el género resultante: post rock!

El disco que este texto pretende presentar es F#A#∞ de 1997. Como se darán cuenta, ambas letras representan en el lenguaje musical dos notas sostenidas, Fa y La respectivamente. Las notas anteceden al símbolo de Infinito. El disco consta de dos tracks de 20.43 y 17.40 minutos. El primer track, Nervous, Sad, Poor…, comienza con la nota Fa y el segundo, Bleak, Uncertain, Beautiful…, con la nota La. Estos tracks se dividen a su vez en varios movimientos que están entrelazados. El tiraje original consistió en 500 discos de vinilo dentro de una portada hecha a mano. La caja contenía, además del disco, fotografías y posters de diversa índole, entre ellas una de una moneda canadiense aplastada por un tren. A la fecha el grupo ha publicado 3 discos de larga duración. Generalmente, en las grabaciones de estudio, intervienen más de 8 músicos. Esto es debido a que se utilizan dos guitarras, dos bajos, violines, chelos y diversos tipos de percusiones.

Olvidándonos un poco de las reducciones genéricas, para mí la música de Godspeed you!... es un soundtrack de la decadencia. Es la música de fondo del apocalipsis. Si Pink Floyd cantó a la postguerra (y ojo, aquí el sufijo “post” sí aplica), Godspeed you!... canta, o mejor dicho relata musicalmente (ya que las letras son escasas), un preludio de la extinción. Al escuchar los movimientos de F#A#∞ uno tiene la sensación de ir en un tren mirando por la ventanilla un paisaje desolado, derruido: lo que quedó después del cataclismo. La música no tiende ni a la esperanza ni a la desesperanza, es cinemática y neutral. Hay, es cierto, un dejo de tristeza, de tendencia a la baja, que sólo se reanima por momentos con pasajes lúdicos como los del cuarto movimiento del primer track, Drugs In Tokyo, en el que una voz repite constantemente I don’t know what to do, al tiempo que un instrumento de cuerdas japonés resuena simplemente para ilustrar la frase proferida. Finalmente el sonido se vuelve una suerte de eco que cuestiona What’s my motivation?

Música, ciertamente, no para cualquiera e inclusive para los que les guste, me atrevo a decir, no para cualquier momento. Poesía musical constante, generador de imágenes, monólogos escasos y afilados, F#A#∞ es para escucharse con los ojos cerrados o, si se prefiere, con la mirada puesta en el infinito. 
 

19.5.10

Charly García - Clics Modernos (1983)

Carlos Alberto García Moreno Lange nació en Buenos Aires, Argentina, el 23 de octubre de 1951. En su nutrido árbol genealógico musical figuran bandas como: Sui Géneris, La Máquina de Hacer Pájaros, Billy Bond and The Jets y Serú Girán.  Ésta última, reconocida como una de las grandes bandas en la historia del rock argentino.

Me imagino que los únicos que lo llamaban Carlos Alberto eran sus padres, el resto del mundo lo conocemos como Charly García, el controversial personaje de los lentes y el bigotito. El extravagante Charly García, unas veces políticamente rabioso, otras veces rabiosamente romántico y otras más, sólo rabioso. En su repertorio es difícil encontrar una melodía anodina, todas llevan un toque especial, a veces se le descifra entre líneas y a veces el tiro es directo a la cabeza o, en su defecto, al corazón.

Clics Modernos fue presentado en diciembre de 1983 en el célebre estadio cubierto Luna Park. Ahí mismo donde han tenido lugar eventos memorables tales como el funeral de Carlos Gardel o la boda de Maradona, ahí mismo donde Carlos Monzón retendría el título mundial mediano noqueando a Tony Mundine, ahí mismo se presentó Charly García con su banda y un joven relativamente desconocido detrás de los teclados: un tal Fito Páez.

Paradójicamente y como suele suceder con los clásicos, Clics Modernos no entró a la historia de la música con mantequilla. Su impacto entre el público rockero argentino fue más bien negativo. Le reprochaban un uso excesivo de teclados. También se extrañaban las guitarras clásicas del rock setentero. Clics Modernos es muy electrónico, digamos, es rock-pop y, si me apuran, más pop que rock. Sin embargo, esto abre muchas posibilidades: el tenor del disco es esencialmente pausado. Tiene la virtud de la pausa que tenía Maradona en los tres cuartos de cancha. Es paciente. El segundo track, No Soy Un Extraño, ejemplifica bien lo anterior: cadencia y genialidad melódica.

Las letras detrás y delante del ritmo pegajoso de Clics Modernos llevan una carga política importante. Nos Siguen Pegando Abajo, No Me Dejan Salir, Plateado Sobre Plateado  y, por supuesto, la excelentemente bien ejecutada y enchinadora de pieles, Los Dinosaurios, todas tienen implicaciones políticas, en todas hay señales de dolor y de rabia hacia la puta dictadura y sus repercusiones.

Charly García es un personaje non grato, incómodo y aguerrido. Amo y adicto de sustancias y escándalos. Vetado alguna vez en Uruguay por madrear a un fotógrafo, criticado en Colombia por rebautizarla “Cocacolombia”, acusado en Paraguay por encerrar prostitutas en el hotel. Polémico cada vez que lo entrevistaron, agresivo con personajes varios, entre ellos la inocente islandesa Björk quien se le quiso acercar y sólo obtuvo un empujón que la mandó de nalgas. Cuenta la leyenda que hasta el “Jefe” Bruce Springsteen ha sentido la vibrota del porteño que no va en tren sino en avión, cuando en un concierto en River, Charly lo encaró diciéndole: “Acá el jefe soy yo”.

Charly García es un peldaño obligatorio para entender no sólo el Rock Nacional (como suelen llamarlo en la Argentina) sino la historia del rock latinoamericano en general. A México llegó con Clics Modernos y desde entonces no se ha ido. Yo mismo a la edad de 9 años me emocionaba cuando en la radio esa voz limpia y para mí todavía anónima cantaba “Estoy verde, no me dejan salir”. Entonces pensaba: “Maldita sea, yo también quiero salir”.


10.5.10

Lovage - Music To Make Love To Your Old Lady By (2001)

Esta vez me doy a la divertida labor de hablar sobre Lovage, un proyecto algunos dirían un tanto hipnótico, otros dirían cachondo y otros más dirían, incluso, sabrosón. Yo, además de todo lo anterior, añado que es electrónica e intertextualmente kitch. La historia comienza con la portada, misma que alude a la del cabaretesco álbum no. 2 del gran Serge Gainsbourg, editado en 1959: un tipo vestido con un traje gris y corbata beige quien fuma sentado frente a una mesa antigua sobre la cual hay un buqué de rosas rojas, un enorme cenicero de cristal y un revólver Mágnum .44 tipo Harry el Sucio. Luego, la impronta del título lo dice casi todo: Music to Make Love to Your Old Lady By (2001). Como podrán distinguir los más avezados, el título guarda cierta relación con aquél del disco en el que apareciera el mismísimo Alfred Hitchcock: Music To Be Murdered By (1965), en el cual se puede escuchar al “Amo del Suspenso” narrar relatos breves. Los coqueteos con Hitchcock no acaban aquí, las canciones To Catch A Thief (sensual y deliciosa, por cierto), Lifeboat (un poema cuidadosamente escrito, amoroso y trágico) y Strangers On A Train son igualmente títulos de películas dirigidas por él y datan de 1955, 1944 y 1951 respectivamente.

El proyecto Lovage estuvo conformado por 4 personajes bien conocidos en el circo musical contemporáneo: en primera instancia, tenemos a Dan The Automator, productor hiphopero a quien se le relaciona con selectos productos tales como: Gorillaz, Handsome Boy Modelling School, Peeping Tom, Crudo, entre otros. En segunda instancia, tenemos al máster de másters Míke Patton, recordado e inmortalizado por bandas como Faith No More, Mr. Bungle, Tomahawk, Peeping Tom, Fantômas y los que se acumulen esta semana. Mike Patton junto con la suspirante y sexual voz de Jennifer Charles hacen los diálogos, cantan, se seducen y se pelean a lo largo de los 16 tracks contenidos en el disco. Por último, que no menos importante, se cuenta la presencia de Kid Koala, DJ y tornamesero (que no es lo mismo, pero es igual) canadiense, igualmente relacionado con nombres como Gorillaz, Peeping Tom, Amon Tobin y The Slew. Pues bien, ellos son los encargados de ponerle el tono caliente a la atmósfera. Ellos son los afrodisiacos de este soundtrack del sexo que se oculta detrás del amor.
 
La música que pretende que la fornicación, la cópula, el apareamiento, la cogida, el polvo, el amancebamiento, el parche, la follada, el palo, el coito, el brinco, el sexo y el amor se lleven a cabo durante su reproducción (la de la música), es primordialmente una combinación de sonidos trip/hip hop y acid jazz. Así, despacito, Patton y Charles hacen y rehacen diálogos tan sugerentes como: Skin to skin / Honey hold tight / Come inside it's a passion play just for you / Let's get lost in the magic place alone now / Drink your fill from a fountain of love wet your lips. Así, suavecito, la música de Automator y Kid Koala dibuja el camino húmedo que pretende acabar de manera multiorgásmica. Ah, ah, ah, ah…!

Y por si todo esto fuera poco, la palabra “lovage” es el nombre de una planta europea, a la cual se le atribuyen poderes amorosos. Es decir, una especie de toloache versión alfalfa mediterránea.
 
Como mencioné arriba, la música es suave y mantiene el nivel. Nunca se acelera, pero tampoco aburre. Además, las letras son profundas, bien pensadas. Hay en las canciones un sentido poético reconocible y cada una intenta narrar una situación, una escena distinta. La riqueza del lenguaje no se puede pasar por alto. Incluso en el track 4, Everyone Has A Summer, compuesto de fragmentos y citas de la película Airplane!  (aquella que en 1980 protagonizó el cagadísimo Leslie Nielsen) hay bastante creatividad para escoger e hilvanar las frases de manera que terminen narrando una pequeña historia de resentimiento amoroso.

Y después de tanta descripción, comprenderán, amables lectores, que bajarse del guayabo mientras se escucha Music To Make Love… se convierte en una misión cuasi imposible. Por lo que este columnista recomienda a quienes, por ocultas e incomprensibles razones, estén evitando matar al oso a puñaladas, que mejor se abstengan de escucharlo. Y quienes no…

25.4.10

Silvio Rodríguez - Antología (1978)

Escribir sobre lo más cercano, lo más familiar, es para mí lo más difícil. Cuando pensé en hablar sobre Silvio Rodríguez, supuse que las palabras brotarían naturalmente, con cierta facilidad. Me equivocaba. La idea musical de Silvio Rodríguez ha crecido en mí desde la cuna. Pero siempre ha estado tan cercana que ahora me cuesta trabajo verla aunque sea con un poco de objetividad. Es como intentar ver los detalles que no son hermosos en un hijo propio. ¡Prácticamente imposible! Es por ello que todo se complica, puesto que no quiero cansarlos a ustedes, amables lectores, con una lista de loas personales tan melosa que en lugar de acercarlos a Silvio los distancie irremediablemente. A ver qué sale.

La primera vez que recuerdo haber escuchado a Silvio habrá sido por ahí de 1981 u 82. Es seguro que mi madre tocó algún disco mucho antes, pero mi lastimada memoria no da para más. El disco de cajón era Antología de Silvio Rodríguez. Sonaba y sonaba mientras mi madre cantaba y cantaba. Algunas letras se me iban quedando: Y tú apareces en mi ventana / suave y pequeña, con alas blancas / Yo ni respiro para que duermas / y no te vayas (Mariposas). Ahora, 29 años después, tengo la certeza de que ahí sellé mi pacto con la poesía para siempre.

Desde luego mi fantasía infantil era más receptiva con ciertos personajes. Tal es el caso de El Rey De Las Flores, que impactó mis años de niño como un proyectil de eso, de flores: El Rey de las flores tiene lagartos / que cantan de salto en salto / Tiene batallones de abejas chiquitas / y arañas, babosas y aves bonitas. Mi pensamiento en aquel entonces sólo alcanzaba para tener una ligera sospecha de que algo no andaba tan bien en ese reino, ya que siempre que llegaba el final –al cual, por cierto, dedicaba especial atención- me quedaba una ligerita sensación de tristeza: Sobre los floridos campos / del Rey de las flores veo a mi hijo / y llamándolo hay una voz. / Quedó partido en dos mitades / por una bomba que cayó.

Poco a poco, conforme iba creciendo me fui interesando por otras canciones. La fantasía se iba transformando en un mensaje más profundo, pero igualmente cautivador. Entonces, ahora ponía más atención en los acentos que hacía mi madre en su canto. Ella, al ver que mi interés iba en aumento, ahora me miraba a los ojos mientras cantaba y yo sabía que su canto era mío: Soy feliz, / soy un hombre feliz, / y quiero que me perdonen / por este día / los muertos de mi felicidad  (Pequeña Serenata Diurna). Después, pasaba un rato tratando de asimilar por qué estaba ahí el énfasis de mi madre, cómo podían estar ligados los muertos a la felicidad y por qué Silvio pedía perdón por ello. Nunca preguntaba y no me acuerdo de mis respuestas. De hecho todavía tengo dudas, la diferencia es que ahora soy capaz de generar una respuesta diferente cada día. Eso mantiene al rojo vivo mi pasión por las canciones de Silvio: siempre me dan algo distinto. Así, un día entero escucho un solo disco una y otra vez. Me voy deteniendo y conmoviendo con su poesía en distintos puntos y los versos se quedan marcados como una cicatriz, de igual forma que todas las cicatrices de mi infancia.

Al escribir estas líneas hay muchos recuerdos que se revuelven ansiosamente en mi cabeza. Pero tan íntima como he decidido hacer esta vez la columna, no puedo dejar de compartir uno en particular. Una anécdota que es quizá la que me tiene hoy escribiendo sacudido por la nostalgia y la alegría. Fue una de esas noches en las que habíamos tenido invitados. Pero ya no estaban. Yo debía dormir, pero algo me despertó y sentí ganas de ir al baño. Al salir de mi recámara escuché la voz de Silvio cantando: Madre, en tu día, / no dejamos de mandarte nuestro amor. / Madre, en tu día, / con las vidas construimos tu canción. Mi padre estaba ahí, en silencio, escuchando. Y lloraba. Yo pensé en mi abuela muerta hace unos años. Pensé en orfandad, pensé en tristeza. Pensé en pérdida. Pensé en mi madre. Años después reconocí el tono más bien patriótico de la canción. La relación con la guerra de Vietnam, etc. Sin embargo, no sé de qué forma ni en qué medida, pero sé que esa noche, esa letra y ese llanto marcaron para siempre mi percepción sobre la vida y sobre sus inherentes y trágicas contradicciones.  Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz -decía Silvio. Y seguía: Madre, los que no estemos para cantarte esta canción, / madre, recuerda que fue por tu amor.

Los años han seguido pasando, he perdido familia, amigos, amores, mascotas y neuronas, pero la Antología ha seguido conmigo. Con sus clásicas canciones, sus imágenes, su contundencia.  Con la obligatoria Canción Del Elegido y la eterna duda de si se refiere a Fidel o al Ché o a Cristo. Y, ¿por qué no pensar que se refiere a todos los hombres? ¿O a ninguno en particular? Con Esto No Es Una Elegía, un poema de claroscuros, de Cuba, de inmenso amor, un poema que ahora sé que quiero recordar hasta la muerte: Tú me recuerdas el prado de los soñadores, / el muro que nos separa del mar, si es de noche. / Tú me recuerdas, sentada, / ciertos sentimientos / que nunca se sabe que traen en las alas: / si vivos o muertos.

Silvio trovador. Silvio revolucionario, Silvio cubano. Silvio fuente de mis recuerdos infantiles. Silvio cómplice revelador del amor materno. Silvio que hiciste llorar a mi padre. Silvio que hoy comparto con los demás para intentar abrir una puerta. En mí, querido poeta, ya has abierto varias.
A Martha y Efraín, eternos enamorados

19.4.10

Sodom - Agent Orange (1989)

Sodom forma parte de una trilogía musicalmente importante y devastadora. En la década de los ochenta, Alemania fue la cuna de tres bandas definitorias en la historia del Thrash Metal: Destruction, Kreator y Sodom.

Las virtudes de este tipo de música radican no únicamente, pero sí principalmente, en tres factores: la rítmica, la coordinación y la creatividad. El Thrash Metal requiere de un altísimo nivel de coordinación debido a que gran parte de su atractivo depende de la velocidad con la que se ejecutan las canciones. Y para que la velocidad no se ahogue en el mar de la monotonía, ésta debe contener los otros dos factores: rítmica, que es la habilidad para combinar notas y riffs de diferentes tiempos, es decir, el manejo de las diferentes figuras musicales: redondas, blancas, corcheas, semicorcheas, etc., y creatividad para armar buenas melodías en un campo aparentemente árido y restringido por la necesidad, inherente al género en cuestión, de la agresividad musical. Puuts!

Pues bien, el álbum Agent Orange que Sodom publicó en 1989, goza de las tres virtudes. Pero es, en particular, su rítmica la que sobresale de las demás. Gracias a esto, el álbum está lleno de contrastes, mismos que sirven como descanso auditivo en el maratón thrashmetalero de 40 minutos de duración. Con desplantes que van desde lo acústico (escúchese el intermezzo en Tired and Red) hasta lo deathmetalero (bombos y tarola artilleros por parte de Chris Witchhunter), pasando por episodios blackmetaleros (la voz de Tom Angelripper es oscura y demoniaca) y hasta rellanos simplemente punkrockeros (track 7: Ausgebombt), estos alemanes logran crear un mosaico que es igual sólido que heterogéneo. Ahora bien, lo anterior no implica que los de Sodom abandonen su campo de acción. Por el contrario, Agent Orange es uno de los álbumes más representativos y de mayor influencia en la escena thrashmetalera en sus casi tres décadas de existencia.

Líricamente los álbumes de Sodom han estado ligados a la guerra, especialmente a la de Vietnam. Por supuesto, Agent Orange no es la excepción. La impronta del título lo dice todo. El nombre alude al poderoso herbicida-defoliante utilizado por el ejército estadounidense para sobreponerse a la hostilidad de la vegetación surasiática. A la fecha, las secuelas del Agente Naranja siguen cobrando vidas. La crítica de Sodom hacia la actividad bélica ha sido una constante tanto en las letras como en las ilustraciones de sus 12 álbumes de estudio en donde varias veces se ven personajes portando armas de alto poder, máscaras y diversos tipos de parafernalia bélica.

21 años después del lanzamiento de Agent Orange, Sodom sigue produciendo música, y lo hace bien. Su más reciente producción The Final Sign of Evil (2007) sigue siendo variada y energética. Si bien la propuesta de Sodom nunca ha sido revolucionaria ni mucho menos, ésta ha servido como base para nuevas ideas mucho más arriesgadas pero, desafortunadamente,  no siempre tan buenas. Sodom es el Thrash Metal puro y duro. Y nos hace recordar que, como en el box, el putazo que noquea no sólo debe ser rápido, sino también preciso y en el momento indicado.